FOMO: El miedo que te tiene viviendo la vida de otros
El FOMO no tiene nada que ver con lo que te pierdes. Tiene que ver con la idea de que alguien mas tiene algo que tu no.
Santiago Vini Garcia
Publicado el 1 de enero de 1970

Un amigo mÃo vendió unas acciones de Tesla en 2019. Le fue bien. Ganó un 40% en seis meses y salió contento. Dos años después, esas mismas acciones valÃan cinco veces más de lo que las habÃa vendido. Y durante esos dos años, cada vez que veÃa el precio de Tesla en algún lado, sentÃa una punzada en el estómago. No porque hubiera perdido dinero. Ganó dinero. SentÃa la punzada porque otros habÃan ganado más.
Eso es FOMO. Fear of missing out. Y no tiene nada que ver con lo que te pierdes. Tiene que ver con la idea de que alguien más tiene algo que tú no.
Mi amigo no sufrÃa por las ganancias que dejó de hacer. SufrÃa porque podÃa ver a otra gente haciéndolas. Si Tesla hubiera dejado de existir el dÃa que él vendió, habrÃa seguido contento con su 40%. El dolor vino de la comparación.
Theodore Roosevelt dijo que la comparación es el ladrón de la alegrÃa. TenÃa razón, pero se quedó corto. La comparación en la era de las redes sociales te roba el tiempo, la claridad y la capacidad de tomar decisiones basadas en lo que realmente quieres en vez de lo que ves que otros tienen.
Estás perdiendo cosas ahora mismo y no te importa
Mientras lees esto, en algún lugar del mundo está pasando una fiesta a la que no fuiste, alguien está lanzando un negocio que tú no lanzaste, y dos personas están teniendo una conversación que podrÃa haber cambiado tu vida si hubieras estado ahÃ.
Te pierdes miles de cosas todos los dÃas. Y la mayorÃa no te generan ninguna ansiedad porque no sabes que están pasando.
El FOMO solo aparece cuando puedes ver lo que te estás perdiendo. Por eso se disparó con las redes sociales. Antes, si no ibas a una fiesta, no te enterabas de lo que pasó ahà hasta que alguien te contaba el lunes. Ahora lo ves en tiempo real, con filtros bonitos, desde el ángulo que hace que todo se vea mejor de lo que fue.
Instagram, TikTok, Twitter son máquinas de generar FOMO porque te muestran un flujo ininterrumpido de las mejores versiones de las vidas de los demás. Nadie publica la foto del domingo aburrido en pijama. Nadie sube la historia de la fiesta donde se la pasó mal. Lo que ves es una selección curada de momentos pico que tu cerebro procesa como si fueran la realidad completa de esas personas.
Y entonces empiezas a comparar tu pelÃcula entera, con los bloopers y las escenas aburridas incluidas, con el trailer editado de la vida de otra persona. Esa comparación está rota de origen. Nunca vas a ganar.
El programa que te hace perseguir lo que otros persiguen
El FOMO no es un defecto de carácter. Es un programa de tu Sistema Operativo Personal que en algún momento tuvo una función útil.
Hace miles de años, quedarte fuera del grupo significaba muerte. Si la tribu se movÃa y tú no te movÃas con ella, te quedabas solo frente a depredadores que podÃan comerte. El miedo a quedarte fuera está grabado a nivel biológico. Tu cerebro reacciona ante la exclusión social con las mismas áreas que procesan el dolor fÃsico. Literalmente te duele quedarte afuera.
El problema es que ese programa sigue corriendo en un mundo donde quedarte afuera de una fiesta o de una inversión no te pone en peligro de muerte. Tu sistema operativo no distingue entre "me estoy perdiendo algo que podrÃa matarme" y "me estoy perdiendo algo que vi en Instagram". Activa la misma alarma para ambas situaciones.
Y esa alarma te lleva a tomar decisiones que no son tuyas. Vas a eventos que no te interesan porque otros van. Inviertes en cosas que no entiendes porque otros están invirtiendo. Dices que sà a compromisos que drenan tu energÃa porque tienes miedo de lo que pasa si dices que no.
Cuando el FOMO domina tus decisiones, dejas de vivir tu vida y empiezas a vivir una versión editada de la vida de los demás.
Lo que Epicuro y Marco Aurelio sabÃan que tú olvidaste
Los estoicos y los epicúreos se peleaban en muchas cosas, pero en esto coincidÃan: desear todo lo que no tienes es la receta más segura para ser miserable con lo que sà tienes.
Epicuro lo planteó de una manera que me parece difÃcil de mejorar: no arruines lo que tienes deseando lo que no tienes. Recuerda que lo que ahora tienes fue alguna vez lo que solo esperabas tener.
Quédate con esa idea un momento.
Porque si te detienes un momento a revisar tu vida, probablemente estás viviendo algo que hace cinco años era tu versión del sueño. Tienes el departamento que querÃas. O el trabajo que buscabas. O la relación que deseabas. O la libertad que anhelabas. Pero como ya lo tienes, dejó de registrarse como logro y tu atención se movió a lo siguiente que no tienes.
Los estoicos le agregaban otra capa. Marco Aurelio se recordaba constantemente lo pequeños que somos en el contexto del universo y del tiempo. Todas esas cosas que hoy te parecen urgentes e imprescindibles, dentro de diez años probablemente no vas a recordar que existieron. La fiesta de este sábado que sientes que no puedes perderte, esa inversión que sientes que necesitas hacer ahora mismo, esa oportunidad que "nunca va a volver". Dentro de una década, la mayorÃa de eso se habrá disuelto en el olvido.
La perspectiva temporal es un antÃdoto poderoso contra el FOMO. Si algo no va a importar en cinco años, probablemente no merece la ansiedad que le estás dedicando hoy.
La trampa de pertenecer a costa de ti mismo
Hay algo que me parece necesario decir: muchas de las cosas a las que le tenemos FOMO son malas para nosotros.
Conoces a alguien con un problema con el alcohol que sigue yendo a bares porque tiene miedo de perderse la diversión. Conoces a alguien que se endeuda para viajar como viajan las personas que sigue en Instagram. Conoces a alguien que va a cenas con gente que no le cae bien, forzando sonrisas durante tres horas, porque no quiere ser el que faltó.
La necesidad de pertenecer tiene un precio. Y mientras más esa necesidad te controla, más lejos vives de lo que realmente quieres.
Los estoicos practicaban algo que hoy llamarÃamos "visualización negativa": antes de lanzarte a hacer algo que tu FOMO te pide, lista los aspectos negativos de esa cosa. No los buenos. Los malos. La resaca del dÃa siguiente. El dinero que vas a gastar. La energÃa que vas a perder. El tiempo que le vas a quitar a algo que sà te importa.
Epicteto lo decÃa asÃ: cuando algo te atraiga, no te dejes arrastrar por la apariencia del placer. Trae a tu mente dos momentos: el que vas a disfrutar y el que vas a lamentar después. Y cuando te des cuenta de que elegir no ir fue la decisión correcta, vas a sentir algo que el FOMO no te puede dar: la satisfacción tranquila de haber actuado según tu criterio y no según la presión del rebaño.
La virtud de quedarte afuera
Los estoicos entendÃan la virtud como una fuerza que se construye con la práctica. No es una cualidad que naces teniendo. Es algo que se forja cada vez que eliges actuar según tu criterio en lugar de dejarte arrastrar por el ruido externo.
Cada vez que dices "no" a algo que tu FOMO te pide y "sÃ" a algo que tu prisma único necesita, estás reprogramando tu sistema operativo. Estás grabando un nuevo comando que dice: yo decido qué es importante para mÃ, no el feed de Instagram.
Eso requiere práctica. Nadie se cura del FOMO leyendo un artÃculo. Pero puedes empezar con un ejercicio que los estoicos usaban y que yo he adaptado: el filtro del sabio.
Imagina que en tu mente hay un guardián parado frente a una puerta. Todo lo que quieras hacer tiene que pasar por ese guardián. Y el guardián solo tiene dos preguntas: ¿esto responde a lo que yo quiero o a lo que vi que otros tienen? ¿Esto va a importarme dentro de un año?
Si la respuesta a la primera es "a lo que otros tienen" y a la segunda es "no", el guardián no deja pasar la acción. Simple. No fácil, pero simple.
Lo que realmente te estás perdiendo
La ironÃa del FOMO es que mientras corres detrás de todo lo que crees que te estás perdiendo, te estás perdiendo lo único que no puedes recuperar: tu tiempo presente.
La próxima vez que sientas esa punzada de "me estoy perdiendo algo", prueba hacer lo que Marco Aurelio hacÃa: mira la situación desde arriba, como si estuvieras observando tu vida a vista de pájaro. Observa cómo esa cosa que hoy parece imprescindible se disuelve en el tiempo. Y después pregúntate qué harÃas con esa hora, con esa energÃa, con ese dinero, si lo invirtieras en algo que realmente quieres construir.
La respuesta suele ser más interesante que la fiesta a la que ibas a ir por no quedarte afuera.
Por
Santiago Vini Garcia
Autor de La Via del Alquimista Digital y Claridad Cuantica. Escribe sobre negocios digitales, transformacion personal y la interseccion entre tecnologia y conexion humana.
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